Desde que el mundo se viera arrastrado por la terrible crisis financiera que se desató en los Estado Unidos de América a finales de la década de los veinte, el modelo económico capitalista, tomó una nueva perspectiva.

La recuperación económica de esta crisis e, incluso, la de la postguerra, se basó en el endeudamiento. La calidad de vida mejoró y la clase media se fue afianzando a partir de un sistema crediticio que fomentaba el endeudamiento moderado de los trabajadores para poder obtener bienes de consumo. Un trabajador medio podía obtener útiles que hasta la fecha se habían reservado para las clases más pudientas gracias al mercado financiero que empezó a tener una importancia exponencial.

Ahora, en la actualidad, cuando la avaricia de ciertos sectores económicos y la dudosa capacidad política de los gestores públicos ha desembocado en otro período de crisis, las soluciones son complejas y de difícil análisis.

Pero esta tendencia se ha de cambiar siendo capaces de volver a generar o estimular el sistema financiero. Se ha de avanzar por la reestimulación de un sistema financiero solvente, fuerte, que sea capaz de mirar hacia los errores que le ha llevado a generar una crisis económica de este calibre.